En el informe sobre la juventud en el Estado español de 2020, podemos estimar el consentimiento dentro de las relaciones sexuales de la población joven gracias a la pregunta: “Como probablemente sepas, hay veces en que las relaciones sexuales no son consentidas incluso con personas que conoces. ¿Cuál de las siguientes afirmaciones se ajusta más a tu realidad?”.
El 80 % de los chicos y el 72,6 % de las chicas reportaron haber hecho solo cosas que les apetecían en sus relaciones sexuales. Es decir, el 8,2 % de chicos y casi el 11 % de chicas tuvieron relaciones sexuales que no habrían querido tener, mientras que el 5,5 % de chicos y el 11,1 % de chicas dijeron que sí querían tener una relación sexual con “esa persona”, pero hicieron cosas de las que no estaban convencidos/as y luego se sintieron mal. A pesar de que estas dos últimas respuestas no tienen por qué significar que se trate de prácticas no consentidas, sí que pueden ser un indicador indirecto del consentimiento. Por lo tanto, la pregunta arriba señalada nos permite cuantificar la prevalencia aproximada de relaciones sexuales no consentidas (y/o no deseadas).
En el cuestionario utilizado para el estudio La situación de la violencia contra las mujeres en la adolescencia en España, que respondieron 13.267 jóvenes de todo el Estado, el 14,2 % de las mujeres jóvenes declararon haberse sentido presionadas sexualmente. Además, el 4,9 % de todas las adolescentes reconocieron haber sufrido violencia sexual, es decir, que no solo hubo presión sino que se perpetraron las agresiones:
Dicha presión fue realizada principalmente por un hombre (97,4 %) con las siguientes características no excluyentes: casi en el 56 %, el “chico con el que salían, querían salir o querían salir con ellas”; en el 24 %, “un hombre bastante mayor” (en el 2,8 % su padre, en el 16 % otro familiar, en el 15 % un conocido de la familia, y en el 3,3 % personal del centro escolar). Estos datos demuestran que cuando hablamos de violencias machistas y personas jóvenes, también debemos poner el foco en la violencia que las personas jóvenes reciben por parte de las personas adultas. Enmarcar las violencias machistas en un contexto adultocéntrico, en el cual los hombres adultos son quienes ejercen poder de forma estructural y además sirven de modelo para los chicos jóvenes, puede mejorar la prevención, tal y como demostrábamos en este estudio cualitativo realizado en 2023.

Existe una relación clara entre la violencia de género en la pareja y la violencia sexual: las chicas que vivieron violencia de género en la pareja declararon haber sufrido más violencia sexual, tanto dentro de la pareja como a lo largo de su vida. Más todavía si la violencia en la pareja fue múltiple y frecuente: hasta un 44,8 %.
Díaz-Aguado et al. identificaron, en aproximadamente 6500 chicas, tres grupos en función de diversas situaciones de VMP. El primer grupo, definido “sin violencia” (a priori, sin conductas de maltrato dentro de la pareja), concentró a la mayoría de estas adolescentes (62,8 %). El segundo grupo aglutinó al 31,7 % de ellas, que declararon haber vivido VMP, principalmente abuso psicológico y control. El 5,5 % restante conformó el tercer grupo, en el que las adolescentes sufrieron frecuentemente violencias múltiples dentro de la pareja (abuso psicológico, control y agresiones físicas y sexuales).
Finalmente, aunque la tasa de denuncia es muy baja, en Cataluña, los delitos recogidos por el Departamento de Interior muestran que las mujeres jóvenes son las principales afectadas: